Los millennials se han convertido ya en el segmento de audiencia de mayor tamaño del New York Times. La histórica cabecera se ha erigido en los últimos tiempos como uno de los bastiones de la honestidad desde que se iniciase la convulsa Administración Trump.

De acuerdo a los datos recogidos por The Drum, el 40% del tráfico del diario procede de usuarios con edades comprendidas entre los 18 y los 34 años. The New York Times ha apostado por una estrategia mobile first representando el smartphone el 75% de su tráfico.

The New York Times llega actualmente a 151 millones de lectores a través de todas las plataformas (datos de enero de 2017), y eso a pesar de que cuenta con un paywall. Ha sumado ya a sus filas tres millones de suscriptores de pago, y puede presumir de 500 millones de dólares procedente de ingresos digitales.

Desde que Donald Trump se convirtiese en el 45º presidente de los Estados Unidos The New York Times se ha convertido en el blanco de sus críticas.
Resulta ya habitual encontrar entre los múltiples tuits del presidente electo alguna referencia a las malas prácticas que, según su opinión, cometen desde el diario. Unas quejas que dejan entrever el respeto (temor incluso) que Trump puede sentir ante este diario con 165 años de historia.

“Nosotros no lo vemos como nuestro némesis. Lo vemos como un presidente de los Estados Unidos sobre el que tenemos que informar en base a sus actuaciones ya sean negativas o positivas”, deja claro Purdy.
Este no ha dudado en señalar que la Administración Trump no es la primera que intenta ponerles las cosas difíciles a los periodistas. “Nos enfrentamos a muchas dificultades en la Administración Obama”, en relación a algunas de las investigaciones realizadas por sus reporteros.

La doble oportunidad de The New York Times
Con esta fotografía de fondo la cabecera tiene ante sí una doble oportunidad para posicionarse como un referente de calidad en el panorama internacional de los medios de comunicación. En primer lugar hacemos referencia a sus intentos y estrategias para convertir el periodismo en un verdadero interés público.

En segundo lugar se hace evidente la privilegiada posición de la que parte el medio para situar su modelo de negocio como un faro en el mundo actual de los medios. Y la cabecera lo sabe: “Estamos en un momento en el que nuestra misión parece haberse sincronizado perfectamente con nuestro modelo de negocio”, declara Matt Purdy, jefe de redacción adjunto.

“Nuestro alcance dentro de la generación millennial ha crecido de forma considerable”, explica Meredith Kopit Levien, directora de ingresos de la cabecera. El interés de los más jóvenes ha experimentado un incremento especialmente llamativo desde la elección del nuevo presidente de Estados Unidos.

El reto ahora del diario es intentar convertir a estos jóvenes lectores en suscriptores de pago. Desde The New York Times se definen como una organización abierta a las nuevas plataformas y tecnologías que han ido imperando en cada uno de los periodos de los históricos.

Un pensamiento que explica por qué The New York Times ha conseguido duplicar el número de suscriptores digitales en apenas tres años. Su objetivo es lograr los 800 millones de dólares procedentes de ingresos digitales (en su mayoría publicidad) en 2020.

De alcanzar esta meta podría financiar su redacción global sin necesidad de ningún ingreso procedente de la impresión. Y, dicho sea de paso, hay que señalar que las suscripciones a su edición impresa también han aumentado.

Kopit Levien lo tiene muy claro: “los millennials están interesados en el periodismo independiente, original y que se hace con una alta calidad”. “Estamos haciendo una buena variación en nuestros formatos exponiendo a las personas a contenidos de distintos tipos y esto creo que ha ayudado a llegar a un público más joven”.

Hay que moverse con los tiempos
La gran mayoría de los jóvenes lectores del diario, sin duda, son conscientes de la gran historia que porta a sus espaldas The New York Times. No se trata sólo de un diario. Es parte de la historia de Estados Unidos.

El viaje que lo ha llevado hasta esta posición no ha sido fácil. The New York Times se ha enfrentado a algunas crisis de reputación. Algunas de ellas muy serias. Todos recordamos el caso de la reportera Judith Miller y los artículos sobre las armas de destrucción masiva del régimen de Saddam Hussein que allanaron el camino para la invasión de Irak en 2003.
“La verdad importa ahora más que nunca”

Este es el lema por el que se caracteriza su filosofía empresarial. Un medio que ahora mira más allá de las suscripciones digitales puesto que el objetivo es establecer una relación más profunda con el consumidor y así, hacer que sea más lucrativa.

“Dialogamos de forma interna muchas veces para establecer la estrategia que nos haga pasar de ser un marca global de noticias a una marca de consumo global”, explica Kopit Levien. “Hacemos periodismo a escala mundial y seguimos siendo los primeros. Pero también queremos ser los primeros en experiencia de usuario y servicios y, en mi opinión. Tenemos mucha distancia por recorrer aún en ese camino”, concluye.